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	<title>Sul Ponticello &#187; José Luis Carles</title>
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		<title>La herencia del pasado, los derechos del alumno y la dura realidad de los conservatorios</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Dec 2017 11:09:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Luis Carles</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mikrokosmos]]></category>
		<category><![CDATA[Conservatorios]]></category>
		<category><![CDATA[Política educativa]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Nos hacemos eco de los problemas que, lamentablemente, sigue teniendo la educación musical en nuestro país, a través de este escrito de José Luis Carles, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, compositor y ecólogo sonoro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-15134" title="044_mikrokosmos2" src="http://3epoca.sulponticello.com/wp-content/uploads/2017/12/044_mikrokosmos2.jpg" alt="" width="620" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify;">En los años 70 un Director del Conservatorio de Madrid, ante la posibilidad de que los conservatorios entraran a formar parte de la Universidad se expresó con la célebre frase “Más vale cabeza de ratón que cola de león” El tema se planteó en varios momentos y a veces porque algunos Conservatorios Superiores se negaron a solicitar la incorporación en la universidad y otras porque la administración no quiso escuchar a responsables de Conservatorio interesados en incorporar la música a la Universidad, la cosa sigue sin aclararse. Recuerdo en mi época de estudiante de música cómo escuchaba con sorpresa a  bastantes músicos decir que no les interesaba entrar en la Universidad: “La universidad no es cosa nuestra” “la música está por encima de todo”, “la música está por encima de la ciencia”…, eran frases que se escuchaban en las asambleas que tuvieron lugar en aquellos años en el Conservatorio de Ópera en Madrid. Intentos posteriores por parte de algún director de conservatorio no tuvieron apoyo de la administración. El resultado es que, a pesar del buen hacer y del avance pedagógico en tantos profesionales de la música, el Conservatorio conserva todavía buena parte de los comportamientos y tics ideológicos y administrativos de aquellos años particularmente en algunos tratos paternalistas y caprichosos y en la auténtica falta de derechos de los estudiantes que puedan combatir estos comportamientos. Tras estudiar en ambas instituciones, Conservatorio y Universidad, y estando actualmente vinculado a ambas, como profesor en la universidad y como padre de dos niños que estudian en el Conservatorio (bueno, a uno ya le han quitado las ganas) he podido comprobar el diferente estatus de los estudiantes en ambos tipos de centros.</p>
<p style="text-align: justify;">Un alumno de Universidad posee diversos mecanismos de defensa ante posibles errores o comportamientos incorrectos de un profesor. Son diversas las posibilidades que tiene un alumno de reclamar y de ser escuchado y evaluado en diferentes modos además de por los profesores y tutores, por diversas comisiones de departamento, de facultad, tribunales o a través del defensor del alumno… en el Conservatorio hemos comprobado que todo acaba en el mismo profesor donde empieza el problema dependiendo siempre de la subjetividad, de su predisposición, a veces caprichosa, a los que el Conservatorio y la administración territorial da siempre la razón en cualquier conflicto, visión carente de objetividad al no pasar por la opinión independiente de otros profesores, comisiones o expertos.</p>
<p style="text-align: justify;">Quiero hacer públicas estas reflexiones al hilo de los sucedido en el Conservatorio de Amaniel en el curso 2016-2017 en el que un niño de 11 años, por decisión de su profesor de violín, tuvo que dejar el conservatorio, en el que llevaba estudiando desde los 8 años. Al niño le gusta la música, se ha comportado en manera ejemplar, desea continuar sus estudios musicales y todavía no entiende porqué, a pesar de tener aprobadas las demás asignaturas, tiene que dejar el centro en el que él y  su hermano se han formado desde los 8 años. Este ejemplo es sólo una muestra entre múltiples casos de niños que abandonan la música frustrados por el trato inadecuado  y caprichoso del profesor. Esta situación se produce con demasiada frecuencia en nuestros conservatorios: niños que abandonan la música y llegan a desarrollar un rechazo hacia ella debido a las actitudes negativas de profesores que desprecian a alumnos que no responden a un perfil predeterminado, sin explorar ni dar opciones a las capacidades reales del niño hacia la música.</p>
<p style="text-align: justify;">Los casos de fracaso escolar pueden ser responsabilidad del alumno, del profesor o distribuirla entre ambos y reconozco que estas situaciones pueden ser susceptibles de interpretación, pero el problema grave se produce cuando el sistema educativo no tiene recursos para detectar, analizar y dar respuesta a casos de poca empatía entre profesores y alumnos que afectan al clima de la clase y al desarrollo de las capacidades y de la creatividad del alumno, y que finalmente acaban con el abandono de las enseñanzas musicales de niños fuertemente preparados y con cualidades. El actual sistema no es capaz, ante una posible incapacidad o falta de interés de un profesor por un determinado alumno, de detectar y abordar actitudes negativas hacia alumnos, a los que se les están bloqueando sus capacidades creativas y de aprendizaje desde el primer momento, en vez de desarrollar una pedagogía positiva y activa, que ayude a los alumnos a superar retos. Del mismo modo que los Conservatorios no muestran ningún entusiasmo por las nuevas tendencias contemporáneas de la música (falta de interés por las vanguardias del s. XX, por las tecnologías, por los nuevos conocimientos científicos en el ámbito sonoro y perceptivo, falta de interés por los nuevos formatos electroacústicos, audiovisuales, multimedia…) tampoco son receptivos en todo lo concerniente a la pedagogía musical contemporánea manteniéndose un estatus de profesorado capaz de frustrar sin problemas la vocación musical de niños auténticamente preparados e interesados por la música dañando además gravemente la propia autoestima de los niños.</p>
<p style="text-align: justify;">Es lamentable que a estas alturas, con los numerosos avances en el ámbito del sonido y de la pedagogía musical, un Conservatorio Profesional y, sobre todo, las autoridades educativas, en este caso la Dirección territorial de área de Madrid, no sean capaces de entender y responder con eficacia a un problema tan grave y permitan este tipo de situaciones. El argumento que suele darse es que el profesor “no es un loco”, “no es uno raro” aunque los problemas se repitan continuamente  con diferentes alumnos.</p>
<p style="text-align: justify;">Es lamentable que el sistema de enseñanza musical (Conservatorios y Direcciones territoriales) no sea capaz de abordar un problema como éste alimentando la imagen lamentable de las enseñanzas musicales en nuestro país.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
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		<title>Paseando por Madrid</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Feb 2014 06:41:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Luis Carles</dc:creator>
				<category><![CDATA[Intersticios]]></category>
		<category><![CDATA[Acústica]]></category>
		<category><![CDATA[Arquitectura]]></category>
		<category><![CDATA[Comunidad de Madrid]]></category>
		<category><![CDATA[Paisaje sonoro]]></category>

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		<description><![CDATA[Abrimos la sección Intersticios con un artículo de sus conductores, Cristina Palmese y José Luis Carles, que nos invitan a un paseo sonoro por una conocida zona de Madrid.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-1201" title="002_intersticios2" src="http://3epoca.sulponticello.com/wp-content/uploads/2014/02/002_intersticios2.jpg" alt="" width="620" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify;">La primavera parece sentirse en esta mañana de Madrid. La plaza de Tirso de Molina llena de sol y de mil colores. Lentamente las puertas de las casetas de las flores abren la ciudad a la magia de  textura y perfumes. El sonido de las fuentes de la plaza, las conversaciones de la gente que espera el autobús, la vocecita de un niño jugando en el pequeño parque mineral, acompañan mi caminar. La luz intensa de la plaza contrasta con las sombras de las estrechas calles que salen de ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Caminar a pie nos deja tiempo para muchas cosas, para vagar con el pensamiento, para percibir, para ver, para sentir el paisaje en el que nos movemos, para escuchar los sonidos de la ciudad, para abrirnos al encuentro con las personas que casualmente nos encontremos en el camino. Pierre Sansot reconoce como una cierta forma de sabiduría el dejarse llevar por un camino, por un recorrido para liberarnos de las constricciones de la vida cotidiana con sus ataduras y así poder ser libres para experimentar sensaciones y acontecimientos. Acepto su idea de lentitud y me dispongo a ser el individuo con disposición a  emprender una caminata, a dar tiempo al tiempo, dar una oportunidad al espíritu para regenerarse a través de la observación, de la escucha de la contemplación, del dejarse llevar, de detenernos en lo que vale la pena.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué hago? ¿Hacia dónde me dirijo? El ruido del tráfico acompaña mis decisiones y el aviso sonoro del semáforo las acelera; decido dirigir mis pasos hacia el Centro Reina Sofía para visitar su ampliación, pero antes callejeo por el Barrio de Lavapiés para impregnarme del ambiente de sus calles y plazas. Me dejo llevar… las calles están llenas de vida, muchas tiendas con mercancías de todo el mundo, gente que va y que viene, acentos muy distintos entre ellos, que se mezclan componiendo una música improvisada.</p>
<p style="text-align: justify;">Me siento en una terraza para saborear este ambiente de barrio que al parecer sirvió de referencia a Jean Nouvel para la creación de los nuevos espacios del Museo. Me acerco al Museo. Me siento en una terraza, escucho los sonidos las tazas el camarero que me habla en italiano, ¿tanto se nota mi acento? Sólo he pedido un café&#8230; El fuerte contraste entre sol y sombra de las callecitas del barrio me recuerda el centro antiguo de Nápoles aunque aquí la arquitectura tiene una dimensión mas modesta. ¿Pero es esto todo? Las voces autóctonas no son las mismas aunque a veces se mezclan también lenguas y acentos diversos, las bocinas no suenan con la misma intensidad, los olores no son los mismos; no encuentro el olor de la pizza recién salida del horno sino otros olores de comida quizás mas especiadas… ¿Qué hace que una ciudad sea diversa de otra? ¿Qué hace de este sitio tan reconocible y característico de Madrid, la arquitectura, los sonidos, la gente…? ¿En qué reside la identidad de cada ciudad?</p>
<p style="text-align: justify;">Me levanto y continúo caminando. Un paseo puede resultar un buen ejercicio de escucha que nos ayuda a ser conscientes de nuestro entorno sonoro inmediato. Un sonido nuevo aparece y a medida que avanzo va cubriendo los otros sonidos, poco a poco invade mis pensamientos: es el ruido de una  fuente situada en  el ensanche de una de las calles del Barrio demasiado grande demasiado ruido. El sonido del agua tan agradable y refrescante en las pequeñas fuentes, se convierte aquí en un ruido excesivo, en un elemento que cumple una función puramente decorativa y que se convierte en fuente de contaminación y nada más. ¿Dónde está el problema? Quizás sea una simple cuestión de medida… La escucha de la ciudad nos permite comprender los ritmos, las voces de nuestro barrio, pueblo o ciudad y al mismo tiempo disfrutar la belleza del sonido y también nos hace  conscientes de la polución sonora en nuestro entorno. Finalmente allí está un magnífico escenario rojo y negro que se levanta ante mis ojos. Continúo mi recorrido sensorial vagabundeando por el edificio. Surgen en mi mente recuerdos, palabras… Al contemplarlo me vienen a la mente las palabras de la que fue directora del Centro en el momento de la ampliación, Ana Martínez Aguilar:</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;">&#8220;<em>El propio edificio es ya arte en sí mismo</em>.&#8221;</p>
<p style="text-align: justify;">pero claro, la arquitectura es algo más que una cuestión de arte, ¿o no?…</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;">&#8220;<em>Un pintor puede pintar una rueda cuadrada, un arquitecto, no</em>.&#8221; (Luis Kahn)</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;">&#8220;[…]<em> Quando ci troviamo all’interno del Panteon siamo colpiti dal superbo cassettonato che si conclude verso l’alto nella liscia colotta e nell’occhio sul cielo… E ancora una trappola acústica che dona alla cavità inmensa una bella sonorità </em>[…] <em>Ci troviamo dinanzi ad una forma di architettura completamente espressa. Tutto contribuisce a far si che quell’edificio arrivi a un sommo grado di semplicità , di chiarezza, suscitando in noi una profonda emozione</em>.&#8221; <em> </em>(Francesco Venezia)</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;">&#8220;<em>Para mí no es una ruptura, con este edificio he querido hacer una continuidad </em>[…]<em> Es el primer edificio de esta técnica que se construye en España. Si lo hubiera hecho en Francia o Inglaterra hubiera sido mucho más fácil</em>.&#8221; (Jean Nouvel)</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;">&#8220;[…]<em> </em><em>Tampoco ha variado, por lo tanto, el patio interior, tan interior como abierto, al menos parcialmente, y que es uno de los aciertos más importantes del proyecto, sin duda ninguna el que mejor disponía el espacio libre. Permanece la gran cubierta que protege este patio y tapa todos los pabellones, dando unidad y carácter al conjunto y enlazando con la cornisa del edificio de Sabatini </em>[…]<em>&#8220;</em> (Antón Capitel)</p>
<p style="text-align: justify;">Pocos parecen dar importancia al hecho de que la célebre cubierta es una superficie reflectante que amplifica el ruido del tráfico de la vecina Ronda de Valencia creando así un espacio ineludiblemente marcado por el ruido. El patio cubierto me provoca una sensación extraña algo así como un sentimiento de desubicación debido a esta mezcla sonora que genera el espacio. Es una sensación de esquizofonía la que me invade al entrar en este espacio. Los sonidos humanos, las voces y pasos del patio contrastan y se oponen en mi mente al ruido del tráfico. Estoy ante una escenografía espectacular, ante una auténtica marca visual buscada por el arquitecto y querida por los administradores y gestores que encargaron el proyecto. El edificio genera unas dudas inquietantes. ¿Es que la arquitectura moderna es sólo cuestión de firma, de marca? Su presencia suscita muchas preguntas… muchos temas de debate… continúo caminando.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
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