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	<title>Sul Ponticello &#187; Introspecciones aurales</title>
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		<title>Reflexiones en torno a la creación sonora</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Jun 2019 06:05:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Suárez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Introspecciones aurales]]></category>
		<category><![CDATA[Composición]]></category>
		<category><![CDATA[Escucha]]></category>
		<category><![CDATA[Estética]]></category>
		<category><![CDATA[Ética]]></category>

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		<description><![CDATA[.   Este texto reflexiona sobre varios aspectos de la creación más allá de las técnicas y formulas del aprendizaje al que estamos acostumbrados. Un esfuerzo por encontrar un lenguaje apropiado a esa compleja materia que es el sonido. Para reflejar su huidiza naturaleza, en muchos casos se escoge la metáfora como herramienta fundamental. Así mismo, pretende plantear una reflexión en torno al papel de la ética en el proceso compositivo, la escucha intuitiva, el tiempo, el error y la intuición.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-19006" title="061_introspecciones-aurales2" src="http://3epoca.sulponticello.com/wp-content/uploads/2019/05/061_introspecciones-aurales2.jpg" alt="" width="620" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Proceso creador</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Para quienes perciben la presencia inmóvil de la muerte, el agotamiento o la crisis de la ideas de los ancestros, es evidente que las respuestas formuladas por la historia de la creación son incompletas, parciales. Las resonancias estéticas del pasado, a pesar de su irrefutabilidad, no responden a las tragedias de un mundo desolado por la apatía, la indolencia crítica; hundidas en el feroz e inconsciente primitivismo patriarcal.  Entonces, ¿cómo reflejar el sonido de la cruel vanidad que chismorrea en la oscuridad absoluta del materialismo consumista?</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora bien, no creo que se puedan encontrar respuestas si antes no entendemos el lenguaje estético de los ancestros, si no aprendemos a hablar con ellos en su hermética lengua. La nutricia exégesis, que hace comprensibles las ideas de los muertos, es un proceso similar al que revela al compositor contemporáneo la conciencia de su propio discurso. El creador dedica tiempo al trabajo de transducción de su propia contextura ontológica, a sus premoniciones de lo posible, a la epistemología de lo concreto, mas también a lo incognoscible racionalmente, que subyace oculto y real en las profundidades de lo desconocido y en las resonancias del misterio.</p>
<p style="text-align: justify;">Es evidente que no estamos hablando de algo sencillo de alcanzar, pues la comprensión de nuestra contextura espiritual es apenas un inicio. Lo más arduo de alcanzar es la materialización del discurso sonoro como revelación o veracidad estética. ¿Cómo materializar las sutiles intuiciones del espíritu, la existencia extendida en el tiempo, la emanación crítica de la inconformidad y la duda?</p>
<p style="text-align: justify;">La concreción técnica de las premoniciones acústicas parten del vacío abismal que deja una obra anterior, y comienza a cobrar forma cuando la reflexión supera la incredulidad que produce la propia existencia. La mente del oído escucha, sufre, cavila, y así se recarga de ideas.  Aparece una voluntad capaz de superponerse a las trágicas contradicciones en las que nuestra especie se encuentra atrapada.  Así se inicia un proceso que engendra el discurso desde ese mínimo extremo del abismo y de la nada, haciendo germinar la metáfora, lo expresivo, lo irracional, lo extático, alcanzando la disolución de la razón en el misterio, y del misterio en la razón.  El tiempo y la introspección en lo sonoro encienden el proceso creador, como el agua hace germinar la semilla.  Un proceso o praxis que funde el deseo, el conocimiento y la causa errática platónica, se expande extático en dirección a lo inexplicable, lo incógnito, lo enigmático, lo metafísico. Tan real, necesario y elocuente como el trabajo que se ocupa de lo superficial, lo inmediato, lo evidente, lo objetivo y lo concreto.</p>
<p><strong>Exégesis de la creación actual</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Otro aspecto fundamental es el análisis de los discursos sonoros contemporáneos. En algunos casos son un reflejo de la actualidad del mundo. En otros casos, el oído los revela como intrascendentes ejemplos del servilismo o simplismo demagógico para encajar en un nicho de mercado: formas concupiscentes sin contenido, reverencias a la muerte. Aún así, esa ausencia de contenido también es un signo de la sociedad, su consumismo intrascendente y voraz, que inevitablemente se reconoce en el sonido como amenaza de la vida en el planeta. En composición no se puede mentir. La obra es la manifestación sonora de quien la propone, una creación estética no se puede falsificar a largo plazo: lo que suena es lo que es. La obra es especular, una manifestación estética de quien hace pública su ética, ¿O acaso no hay una diferencia substancial en la dimensión puramente auditiva, cuando comparamos los discursos sonoros de Mussorgsky y John Williams?   La ciencia es la explicación de algo que existe, algo que esperaba ser explicado. El arte es una ontología, identitario del tiempo en el que surge, y en algunos casos extraños; único, original, inaudito, asombroso. Lo que otorga al arte su sentido más profundo, más allá del orden simbólico colectivo que refleja, es algo que se engendra en las entrañas del ser y su individualidad: algo fundamental que se esfuerza por alcanzar lo desconocido.</p>
<p style="text-align: justify;">En tal sentido, la escucha crítica de los compositores contemporáneos nos revela su lucha por trascender ese orden simbólico. En otras obras, percibimos una tediosa repetición que intenta imitar los estilos reconocidos para aprobar los requisitos burocráticos del poder. Una lúgubre e inconsciente condena a la intrascendencia y la inutilidad que por un atavismo primitivo se confunde con la inteligencia y el talento. Otras obras, son inaudibles, insoportables, incoherentes, vacías, y la mezquindad de su discurso no invoca otra cosa que el olvido. Es común encontrar trabajos muy formales, es decir, con una forma técnicamente sólida y trabajada, pero sin contenido, lo cual es análogo a un hermoso cadáver, un cuerpo sin ánima, sin vida, pero que sólo expresa la materialidad lívida de un envase vacío. Aun así, casi todas las creaciones sonoras tienen algo que contar del tiempo en el que se constituyen.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El oído como guía y maestro</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La audición de obras contemporáneas es un proceso de reflexión crítica que favorece la develación de las posibilidades del sonido, y enriquece el trabajo de conformación del propio lenguaje. De igual forma, el análisis acústico del mundo en la escucha atenta es un viaje de descubrimiento, el cual revela elementos del propio discurso, formas de expresión que aún no conocía la conciencia del compositor y que podrían serle útiles.  Por otra parte, se produce un desarrollo de la escucha analítica, aperceptiva y multidimensional profunda, imprescindible para el trabajo de compositivo. En la escucha se encuentran respuestas a las preguntas suspendidas, a los obstáculos indeterminados. Un proceso reflexivo y crítico donde van encontrando formas y claves musicológicas plasmadoras de aquello intuido en la conciencia. También nos hacemos conscientes de las debilidades del propio trabajo, y percibimos las facetas erróneas de nuestros esfuerzos. Además, experimentamos hasta qué punto el propio trabajo tiene algún valor significante o si es apenas una ilusión de progreso. ¿Posee autenticidad? ¿Es un aporte sustancial a la sociedad? Todo eso es captado y analizado por el oído interno de la intuición, y por el conocimiento que profundiza y confirma estas percepciones a las que nos somete lo sonoro. Cuando la música está escrita, la estructura técnica o semiótica que la sustenta responde al instante la pregunta: ¿cómo se hizo? Es cualidad del ojo comprender con rapidez esa geometría marcada en el tiempo, pero es el oído quien percibe los detalles profundos y fundamentales, el pathos y el ethos temporal transitando fugaz por la conciencia sonora. El oído como un transductor de las emociones profundas, como espiral de las premoniciones. Máquina de alertas tempranas en la obscuridad de la infamia. Órgano de la música, de la palabra, la conciencia y el misterio. Órgano cuyas capacidades se pueden expandir tanto como abordemos la praxis de su activación.</p>
<p style="text-align: justify;">El oído es un sentido especialmente fructífero cuando se desarrolla en el campo de la apercepción extática y la consciencia profunda. Un sentido que antes de la hegemonía ocular funcionaba plenamente como herramienta juiciosa del entorno. La esquematización positivista del pensamiento racional puso al ojo como el sentido dominante en occidente, aunque esto pudo fluctuar a lo largo de la historia. Pensemos en los tiempos en que la escritura ideográfica fue substituida por la escritura fonética, es decir, dejó de ser simbolismo visual para pasar a registrar los sonidos del lenguaje humano. Quizás el futuro nos depare el surgimiento de una cultura plenamente desarrollada en sus potencialidades aurales, que se exprese con metáforas y ruidos, enunciados con una particular expresividad sonora, intensamente emotivos a la par que racionales. Todo ello, claro está, si nuestra especie logra sobrevivir al descontrol de sus primitivos instintos, a sus limitaciones empáticas y a la incapacidad de comprender sus propias posibilidades y talentos. Si fuera capaz de superar su obsesión atávica por las jerarquías y la acumulación de materia inútil, enfilaría sus pasos hacia una existencia del compartir y el cooperar, una existencia creadora.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Zeitgeist</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En los tiempos que corren, una humanidad deslumbrada por quimeras es sorda a las crisis sin precedentes que la acechan, incapaz de escuchar los presagios y síntomas que manifiesta el mundo. La humanidad está perdida en el laberinto de la acumulación material y un desarrollo tecnológico condicionado por los intereses del mercado. Manejada por la codicia, invierte su tiempo en la tiranía de lo intrascendente, lo superficial y una primitiva inconsciencia que se presume progresista, civilizada. La acumulación material, más la obediencia a los líderes autoritarios y populistas son instintos que los habitantes inconscientes explotan desde tiempos inmemoriales. Sentir que estamos fuera de esas conductas o costumbres primitivas, produce en nosotros incertidumbre, un miedo que intentamos calmar en la acumulación de objetos inútiles, en el servicio a unas jerarquías tan inconscientes y desorientadas como sus confiados sirvientes.  Sin esa ilusión de colmar nuestros instintos primitivos de acumulación material, y obedeciendo las directrices de un liderazgo carismático, el miedo nos atormenta. De forma análoga, en el campo estético nos cuesta enfrentar el desarrollo de nuevos discursos, lenguajes independientes o inauditos, que aportan nuevos valores estéticos a la sociedad. Nos sentimos desamparados ante lo inaudito, inseguros en lo inexplorado, pero, en creación, este trance de la incertidumbre es indispensable. Superar el miedo a lo desconocido origina una búsqueda ética incesante.  Se producen nuevas estéticas, que finalmente se revelan como premoniciones de una utopía civilizatoria, metáforas de lo posible.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La música como lenguaje</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La música se torna capaz de expresar información cuando quien la escucha posee el necesario conocimiento para entender sus contenidos, de una forma similar al conocimiento de un idioma permite entender la información que transmite. El relativismo de la interpretación estética es producto de la ignorancia, un extravío en la mera sensorial que activa sólo las áreas primitivas del cerebro e impide la comprensión del mensaje profundo. Las emociones están en consonancia con la creación. Ahora, ¿esas emociones e ideas que percibimos en la obra podrían llegar a ser exactamente igual a la que quiso expresar el compositor? No, pero si dos objetos están afinados igual, las vibraciones de uno pueden hacer vibrar al otro por simpatía aunque no se produzca exactamente el mismo sonido. Esta metáfora busca explicar cómo el conocimiento nos permite acercarnos a la obra: vibrar en su misma frecuencia. El argumento relativista que niega a la música su estatus de lenguaje no es sólido, pues todo puede ser malinterpretado por la ignorancia. La música es capaz de invocar emociones profundas e intensas, estados de ánimo engendrados desde lo desconocido. Ellos se desarrollan y mutan. En la música se mezclan, se multiplican, se ramifican, se recrean, se reinventan. La música puede ser catalizadora de la conciencia, del pensamiento y de estados de espíritu que se hacen precisos, profundos y se afinan en tanto conozcamos el contexto, la estética y las ideas que la originaron.</p>
<p style="text-align: justify;">Confrontándome al misterioso espacio de los estados de ánimo que inspiran la música, me percato de la dificultad de ser recuerdos o sombras del inconsciente. Las emociones concitadas son extrañas a mi propia ontología, ajenas. Las percibo como un reflejo claro del ser que las originó, su tiempo, su cultura. A diferencia de los sosegados en lo concreto, en lo seguro, los creadores se someten a las dudas. ¿Será que no conocemos las profundidades de la mente? ¿Será que esas emociones no son un rasgo de idiosincrasia del creador ancestral, sino procesos inconscientes? ¿Cómo comprobar si esas emociones son específicas de lo que se escucha, o de nuestra memoria, rastros ocultos en nuestro interior? Otra posibilidad a tomar, sería que la música interactuara con nuestra memoria y nuestro inconsciente para generar nuevas emociones, y en ese proceso alquímico la música es catalizadora de ideas y emociones inéditas.</p>
<p style="text-align: justify;">Me interesa averiguar por qué algunas obras trascienden por siglos a la desaparición física de sus creadores. Creo que todo lo expuesto anteriormente está conectado con esta pregunta, aunque superficialmente no parezca estarlo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Lenguaje del creador contemporáneo</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Ahora, en relación al importante proceso de análisis de la literatura sonora disponible y todas las cuestiones que surgen de ese trabajo, nos adentramos en el propio trabajo compositivo. ¿Qué particularidades posee en relación a todo lo anterior? Pues en primer término, el discurso creado es absolutamente reconocible para su creador, lo percibe como una reflexión o manifestación absoluta de su espíritu, consonante con su escucha, aunque para el oyente desconocedor de ese discurso sea música sin sentido. Evidentemente, como expresamos anteriormente la comprensión de un nuevo lenguaje estético, sus emociones, ideas y estados de conciencia están condicionados por el conocimiento que tengamos de la obra, tal como se conoce el significado de las metáforas poéticas y las circunstancias que las propiciaron. ¿No es el conocimiento profundo de la vida y obra de compositores y poetas aquello que nos permite acercarnos con más o menos precisión a sus ideas, emociones y estética?</p>
<p style="text-align: justify;">Algunos teóricos asumen que al escuchar música, las emociones que se producen son una manifestación exclusiva de nuestro interior, por tal razón, restan valor al papel de la música como expresión estética para transmitir información. ¿Por qué entonces son tan diversas y sutiles? ¿Por qué cada compositor posee una clara y particular personalidad sonora? Incluso el mismo compositor, a partir de esa estética distintiva, es capaz de propiciar una gama amplia de emociones que parecen atemporales, inagotables, extrañas, históricas, precisas en su ontología y particularidades. No parecen recuerdos, ni se parecen a las emociones de los sueños, ¿cuál es en realidad su esencia?</p>
<p style="text-align: justify;">Surge otra reflexión interesante, ¿por qué en la obra se manifiestan emociones que en muchos casos el creador no experimenta en el instante mismo de la creación? ¿Esas emociones son anacronismos surgidos inconscientemente de la memoria, como manifestaciones residuales, ecos del proceso o presagios de lo que está por venir?</p>
<p style="text-align: justify;">Por mi experiencia, el compositor experimenta a concluir el acto de creación es esfuerzo físico y mental integrado, el máximo esfuerzo que es capaz de invocar su existencia. En ese tránsito del acto creador donde se consolida una integridad espiritual coherente, donde se fusionan los contrarios, se diluyen las contradicciones y se materializa la identidad como estética sonora. La praxis creadora despliega la plenitud de nuestra condición humana. En ese espacio de voluntad estética, experimentamos una especie de absoluto integral, nos convertimos en voceros del tiempo, y somos capaces de imaginar la forma de hacer posible lo imposible, de metaforizar la substancia de la intuición, materializar lo incalificable. En ese tiempo de trabajo, de máxima concentración, la praxis creadora no puede disociarse de la esencia absoluta del ser, crisol donde concurre lo conocido, lo físico, lo espiritual, lo errático y lo desconocido. Se produce una lucha contra la desvalorización relativista de la estética, una absurda condición escéptica que no es más que un estéril intento de disolver el sentido. El trabajo creador es un esfuerzo por dar resonancia a la conciencia frente a lo efímero, frente al caos, frente a la primitiva crueldad de la especie y su incierto destino. En ese combate dialéctico se enfrenta lo vano para alcanzar lo inaudito. Es razonable que pocas emociones se manifiesten reconocibles en el proceso mismo de la creación, pues en este espacio lo sentido ya es obvio, habitual, y la composición es más un consumirse en un tiempo pasional, un desgastar la vida, un acto que engendra lo ignoto en el crisol de una perseverancia existencial desmedida.</p>
<p style="text-align: justify;">La creación musical pasa por un incesante proceso de ensayo y error, que interpreta la partitura del espíritu y lo transmuta para dar paso a lo único. Formula preguntas desconcertantes que se expanden en la inmensidad de sus posibilidades, dando vitalidad, lucidez y fuerza vibracional a estados de conciencia inéditos. Estas preguntas catalizadoras, permiten consolidar o transustanciar el espíritu en sonido, pues la praxis creadora incesante es evolución del intelecto, un proceso de reconocimiento espiritual y desarrollo técnico de herramientas, a la par que, concreción física de la materia sonora como utopía de lo posible.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Exploración en el objeto sonoro</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente, creo que es muy importante la relación del compositor con la ejecución instrumental, la improvisación, y desde ahí escape a los límites de sus esquemas semióticos, metodológicos, formales, tecnológicos, etc. Las fórmulas no suenan, la tecnología no suena, y pueden convertirse en espacios de silencio estético, de parálisis, de inconsciencia aural. La tecnología y las reglas de construcción pueden alejarnos de la experiencia directa y constante del fenómeno sonoro, del instante pleno de revelacionesque brindan el no retorno de la improvisación y la síntesis analógica.</p>
<p style="text-align: justify;">La transducción del espíritu en sonido producida en la interpretación de un objeto sonoro, también es búsqueda expresiva, una exploración donde el propio compositor se sumerge en la materia de su oficio, en la praxis directa de engendrar sonido. Improvisar con el instrumento es una especie de exégesis del misterio, un accionar que intenta converger en lo desconocido, un hallazgo sorprendente.   En la improvisación se produce una reflexión acústica que es experiencia consciente, y desde esa apercepción, avanzamos por un camino que nos nutre de un conocimiento por otras vías no obtenido. Un espacio donde libremente se mueve la intuición, revelando las facetas de lo desconocido, no deja de ser simultáneamente una resonancia veraz de la arquitectura del ser interior. La conciencia sabe cuándo entramos en ese recinto ignoto, cuándo encontramos la forma de reflejar la compleja e inimaginable estructura del misterio.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Tres fragmentos dispersos</title>
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		<pubDate>Sat, 05 May 2018 10:05:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Suárez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Introspecciones aurales]]></category>
		<category><![CDATA[Composición]]></category>
		<category><![CDATA[Estética]]></category>
		<category><![CDATA[Música y política]]></category>
		<category><![CDATA[Tecnología]]></category>

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		<description><![CDATA[La afinidad efectista del tecnoarte con los productos del mercado de masas plantea una aporía de orden estético, una inconsistencia ética y teleológica que debería debatirse entre los creadores y los pensadores de arte. Además de su manifiesto vacío crítico, estamos ante la promoción fraudulenta de algo que carece de una estética desarrollada y profunda. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-16244" title="049_introspecciones-aurales2" src="http://3epoca.sulponticello.com/wp-content/uploads/2018/05/049_introspecciones-aurales2.jpg" alt="" width="620" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Tecnopopulismos</strong></p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;">“La perspectiva evolutiva subraya el papel crítico de las emociones en la constitución de la conciencia.”<br />
Gilbert Rose. <em>Entre el diván y el piano. Psicoanálisis, música y neurociencia.</em></p>
<p style="text-align: justify;">La afinidad efectista del tecnoarte con los productos del mercado de masas plantea una aporía de orden estético, una inconsistencia ética y teleológica que debería debatirse entre los creadores y los pensadores de arte. Además de su manifiesto vacío crítico, estamos ante la promoción fraudulenta de algo que carece de una estética desarrollada y profunda. La tecnología presentada en sí misma como estética es una estafa, y es promocionada por centros “públicos” de arte que exponen esos tecno populismos, en razón de que dan juego, entretenimiento y espectáculo. En casi todos los centros de poder “cultural” y sus concursos, ya no se premia la creación estética, no se toma en consideración la profundidad del discurso; sólo se considera relevante su aparente complejidad tecnológica y su posible utilidad demagógica.</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;">“<em>El efectismo deja de activar las zonas superiores del cerebro, y apela a los recursos primarios de la percepción…</em></p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;"><em>El espectaculo puramente sensorial provoca una experiencia sin alicientes psicoemocionales, cognitivos, ontológicos y estéticos sólidos</em>.”<br />
Rebeca Barceiredo. <em>El sujeto posmoderno. Entre la estética y el consumo</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">En ocasiones se adorna al tecnoarte con inconexos constructos conceptuales, pero, ¿realmente esas ideas están presentes en las obras como experiencia extática directa, como emoción que incite a la reflexión o aviven la conciencia?  Me refiero a que aún conociendo ese sentido conceptual que se le endilga, en esos   divertimentos tecnológicos no se perciben las ideas que se le achacan, sólo se percibe un espectáculo de sensaciones vacio, que las instituciones de poder divulgan por su afinidad con la efectividad populista de los productos comerciales del capitalismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Eso se promueve desde una burocracia política de ignaros, sin empatía alguna hacia la especie humana y sus dilemas. Una humanidad que parece arrastrarse inconsciente por lo que probablemente es y será la época más obscura de su historia. Perdida en una vorágine trágica de circunstancias, en la incontinencia de su codicia y su limitación intelectual, desbocada en dirección a unas consecuencias que parecen inevitables.  La ceguera necia de los poderosos, su inconsciencia y su primitivismo son taras que les imposibilitan para percibir y conectarse con su entorno, sentir empatía por el resto de los vivos y medir las consecuencias colectivas de su estulticia.</p>
<p style="text-align: justify;">El espejismo tecnológico crea una ilusión de desarrollo, de progreso. En realidad, en su mayor parte se difunde como un producto alienante, un narcótico del pensamiento crítico. Una máscara que esconde el rostro tumefacto de la realidad, ocultando el devenir que nos acecha.  Un recinto anecoico donde la conciencia es anulada. Un sarcófago en el que muchos son anulados antes de tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Bioacústica y composición</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;"><em>“Edades de fuego y aire, los insectos eran joyas animadas.<br />
Aquel árbol cantaba, profetizaba, sus vaticinios cubrían de alas el espacio.<br />
Milagros sencillos llamados pájaros.<br />
Todo era de todos, todos eran todo.”</em><br />
Octavio Paz</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;"><em>“La voluntad es una fuerza creadora que constantemente intenta materializarse. No sólo en el esfuerzo humano, sino también en la fuerza vital de plantas y animales.”</em><br />
Schopenhauer</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy sabemos que las estructuras orgánicas son inimaginables, desconcertantes, y manifiestan la inteligencia creadora del universo que las originó, trabajando en la inmensidad desolada del tiempo: entre el caos, la oscuridad, el frío y el silencio.  En el origen,  cuando reinaba la muerte absoluta, se produjo un estallido, un chispazo que se expandió en la negra esfera celestial hasta la revelación de la vida, tal como una intuición que se hace presente.</p>
<p style="text-align: justify;">Frente al estallido inimaginable de la diversidad, carácter esencial de la evolución de lo vivo; el compositor brujo intenta asimilar la riqueza de códigos acústicos de ese misterio para reformularlos como discurso musical, como metáfora sonora.  Además, en esos códigos intenta contemplar la estructura del tiempo transcurrido y por transcurrir.  Busca ese punto donde el espíritu se expande abrumado por la eternidad y la organicidad arquitectónica que manifiestan las criaturas, para después, expresar lo que intuye de ese misterio en forma de música.</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;"><em>“¿Por qué trabajo con animales? Para expresar poderes invisibles. Uno puede controlar esas energías si se penetra en un reino que la gente ha olvidado y donde sobreviven grandes poderes con la forma de grandes personalidades.”</em> <em><br />
</em>Joseph Beuys</p>
<p style="text-align: justify;"><em> </em></p>
<p style="text-align: justify;">Intenta explicar con sus composiciones sus experiencias extáticas al auscultar el misterio biológico, las lecciones  aprendías de sus múltiples comportamientos, de sus luchas por la sobrevivencia, su belleza intrínseca. Por otra parte, la enigmática escritura fonética expresada por el compositor bioacústico en el tiempo, persigue exorcizar la obscuridad de la locura, los abismos vertiginosos del alma humana, y los presagios de muerte que ha desatado una especie de primate capaz de comprometer su propia existencia y la del resto de los vivos.</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;"><em>“</em><em>El espíritu del coyote es tan poderoso, que el ser humano no puede entender lo que es y lo que puede llegar a hacer en el futuro por la humanidad.</em><em>”</em><br />
Joseph Beuys</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La estética como revolución</strong></p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;"><em>“Para mí, la revolución es no considerar otra cosa que la propia sensibilidad profunda. Las fuerzas revolucionarias de cualquier movimiento son aquellas capaces de descentrar el fundamento actual de las cosas, de cambiar el ángulo de la realidad.”</em><br />
Antonin  Artaud</p>
<p style="text-align: justify;">Para Artaud era falaz intentar sustentar lo revolucionario en doctrinas fijas. Expresaba que el espíritu revolucionario sólo se puede mantener vivo en un movimiento permanente de actualizaciones, refutaciones y cuestionamientos reflexivos.</p>
<p style="text-align: justify;">De hecho, la palabra revolución, alude en la mecánica celeste a un movimiento gravitacional permanente. Y aunque parezca que una revolución planetaria vuelve al mismo punto después de completar su ciclo, en realidad no es así, pues el transcurrir del tiempo-movimiento es transcurrir de la evolución biológica y la transformación espiritual del mundo, pues el proceso creador es persistente, incansable.  Así que una “revolución” dogmática sería como un planeta inmóvil, carente de evolución, muerto, y como el agua estancada estará condenada a pudrirse.</p>
<p style="text-align: justify;">Es inútil buscar el espíritu revolucionario en el confort de las ideas tradicionales, sólo se puede acceder a este espíritu cuestionando lo conocido, refutando los paradigmas icónicos de la tradición, y sobre todo, aportando algo nuevo de orden ideológico, estético, científico, etc.  En los discursos que nacen de la reflexión o a creación musical, el progreso no acontece sin el valor de ir en pos de lo desconocido, de plantearse lo inaudito, de invocar el acto creador en la aterradora inmensidad de sus máximas posibilidades.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
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		<title>Sobre la pérdida de la razón</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Apr 2018 20:42:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Suárez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Creación]]></category>
		<category><![CDATA[Estética]]></category>

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		<description><![CDATA[Ha llegado el tiempo de la locura, un tiempo que nunca presentí, pues nunca pensé que llegaría el descontrol abismal de la angustia y el horror. Siempre creí que el equilibrio me caracterizaba, compensando mis carencias intelectuales. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-16066" title="048_introspecciones-aurales2" src="http://3epoca.sulponticello.com/wp-content/uploads/2018/04/048_introspecciones-aurales2.jpg" alt="" width="620" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify;">Ha llegado el tiempo de la locura, un tiempo que nunca presentí, pues nunca pensé que llegaría el descontrol abismal de la angustia y el horror. Siempre creí que el equilibrio me caracterizaba, compensando mis carencias intelectuales. Constantemente presumí de salud mental, pero estaba equivocado. Ha llegado el tiempo de la locura, agitada por una incertidumbre extensa como la muerte, acelerada por la inculta crueldad de la raza que me engendra, y la indiferencia de las etnografías en las que me reconozco por intermedio del misterio creador.</p>
<p style="text-align: justify;">Se proyectan en mi mente los dolores y escalofríos de lo inexistente, que anulan los sonidos del mundo, dejando apenas resonar el tenso silbido que indica la muerte de las neuronas.</p>
<p style="text-align: justify;">En el terror y el sobresalto permanente: no hay descanso. Sin embargo, es en este tormento donde la vida transcurre sumida en otra densidad temporal, desbocada en las vertiginosas exigencias del pánico. Y en esas exigencias el tiempo se hace eterno, se aprovecha en la concentración, se expande inconmensurable.    Superados esos desequilibrios, se producen instantes en los que el micro y el macrocosmos ser revela en su densa intensidad: mientras que quienes viven distraídos en la calma, en realidad viven menos tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora, muy a mi pesar, siento cada latido resonando en la profundidad del tiempo, porque el silencio de la incertidumbre es inmenso, abrumador. La pesadilla se reinventa a sí misma una y otra vez.  Pero estoy convencido de que este proceso, es imprescindible para profundizar, para avanzar un poco en la creación.</p>
<p style="text-align: justify;">Intuyo que de todo este desmantelamiento orgánico, quedará la esencia del ser. Una conformación ontológica que deja atrás lo inútil, lo contradictorio, lo innecesario, todo aquello que entorpece la expresión estética. Tras esta desintegración física, la mente queda liberada para manifestar la esencial del ser como discurso.</p>
<p style="text-align: justify;">¿En que se transustancian el dolor y las reflexiones éticas durante el proceso de creación estética?, a mi parecer se manifiestan como conciencia y expresividad; como hipotéticas formas de contención, como intuiciones de los mecanismos que permitirían expresar los contenidos trascendentes, inexplicables. No es equivalente el despertar progresivo de la conciencia al acto creador, no es tan sencillo como parece. Hay una enorme distancia entre el amanecer de la conciencia y la materialización del discurso sonoro.</p>
<p style="text-align: justify;">En este proceso de maduración fisiológica, estética, ética; la exploración se aventura más allá de los límites de la cordura, extramuros de formas y contenidos establecidos, metáforas antiguas, y sonoridades reconocibles y estables. Abandonadas las certidumbres, nuestra mente se va deslastrando de lo innecesario, quedándose sólo con lo esencial.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque el sentido de este proceso parezca insondable por su dimensión metafísica y trascendente, es en esa inestabilidad psíquica donde paradójicamente se originan ciertos aspectos complejos del discurso sonoro. ¿Acaso, el sonido y la música no exigen una cierta pérdida de la razón?, ¿No es este tránsito de laceraciones psíquicas, un derrotero que propicia la íntegra materialización de las intuiciones acústicas que presentimos?</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
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