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	<title>Sul Ponticello &#187; Repertorio</title>
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		<title>La música contemporánea (II)</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Oct 2014 10:33:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Josep Lluís Galiana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Plano de inmanencia]]></category>
		<category><![CDATA[Creación]]></category>
		<category><![CDATA[Música contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Orquesta]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone size-full wp-image-3607" title="009_plano-de-inmanencia2" src="http://3epoca.sulponticello.com/wp-content/uploads/2014/10/009_plano-de-inmanencia2.jpg" alt="" width="620" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify;">Como todos los años por estas fechas otoñales, ayuntamientos, diputaciones provinciales y comunidades autónomas se apresuran a anunciar a bombo y platillo las programaciones culturales de la nueva temporada. En la prensa escrita, en los medios de comunicación audiovisuales, en carteleras, en publicidad de calle y en costosos folletos de papel <em>couché</em>, los más importantes auditorios y sus orquestas sinfónicas despliegan su agenda de los próximos meses. La Orquestra de València, que tiene su sede en el Palau de la Música, lo hizo hace una semana. La información publicada en domingo y a doble página en todos los periódicos locales y nacionales volvió a confirmar el nulo interés, por no hablar de absoluto desprecio, que los gestores de esta institución manifiestan hacia la música de nuestro tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que durante las últimas tres décadas era una brecha declarada entre el repertorio histórico y la nueva creación musical, hoy ha devenido en un abismo infranqueable y me temo que de consecuencias irreversibles para los profesionales y los aficionados a la música en esta ciudad. Afortunadamente, la situación no es la misma en otras ciudades españolas y sus orquestas y auditorios, si bien mantienen la citada brecha, la gestión, sin embargo, es bien diferente y desde hace años dedican tiempo, esfuerzo, creatividad y presupuesto a la innovación y renovación de programaciones, repertorios y públicos. No obstante, y para evitar caer en la autoflagelación, el pesimismo o el titular fácil, hagamos números y saquemos algunas conclusiones por si alguien todavía alberga alguna duda a este respecto. Asimismo, animo a quien le apetezca que haga lo mismo en su ciudad o con las orquestas más cercanas.</p>
<p style="text-align: justify;">La temporada 2014/2015 del Palau de la Música de València ofrecerá 45 conciertos, de los cuales 27 correrán a cargo de la agrupación sinfónica residente y 13 contarán con su director titular y artístico desde el año 2005, Yaron Traub, subido al podio. El resto de conciertos serán dirigidos por batutas como George Pehlivanian, Antonio Ros-Marbà, Fabio Biondi, Pinchas Steinberg o Nathalie Stutzmann, entre otros. La Orquestra de València, fundada en 1943 por Joan Lamote de Grignon, pondrá sobre sus atriles las <em>Sinfonías núm. 2 y 5 </em>y <em>Kindertotenlieder</em>, de Mahler; <em>Harold en Italia</em>, la obertura de <em>El Corsario</em>, <em>Les Nuits d&#8217;Eté</em> y la <em>Fantástica</em>, de Berlioz; la 4ª, la <em>Patética</em>, la <em>Manfred</em> y el <em>Cascanueces</em>, de Chaikovski; la <em>Pastoral</em>, <em>Las criaturas de Prometeo</em> y la <em>Leonora III</em>, de Beethoven; la 7ª de Bruckner; la <em>Alpina,</em> <em>Don Quijote </em>y <em>Der Rosenkavalier</em>, de Strauss; la 3ª y la 4ª de Brahms; <em>La Valse</em>, de Ravel; la <em>Renana </em>y la 4ª de Schuman; la 3ª de Saint-Säens; la obertura de <em>Don Giovanni</em>, de Mozart; la <em>Cantata nupcial</em>, de Bach; la <em>Oxford</em> y la 49ª de Haydn; la <em>Leningrado</em>, de Shostakóvich; <em>Una noche en el monte pelado</em> y <em>Khovanshchina</em>, de Músorgski; <em>El cazador furtivo</em>, de Weber; <em>Poema del Éxtasis</em>, de Scriabin; oberturas y actos de <em>Lohengrin, Parsifal, Los Maestros Cantores de Nuremberg</em>, de Wagner; <em>Matías el pintor</em>, de Hindemith; <em>La noche de los Mayas</em>, de Revueltas; <em>Los pescadores de perlas</em> en concierto, de Bizet, y la 3ª de Roussel.</p>
<p style="text-align: justify;">También, conciertos de Sibelius, Khachaturian, Marcello, Wieniawski, Lalo, Schumann, Boïeldieu, Goldmark, Saint-Säens, Glière, Haydn, Liszt, Elgar, Prokofiev, Ginastera y Ravel, así como, <em>El Mesías</em>, de Haendel, por las fiestas navideñas; el <em>Bolero</em> de Ravel; la <em>Iberia </em>y la <em>Petite Suite</em>, de Debussy, y faltaría más, un <em>Carmina Burana</em>, como guinda a esta poco asombrosa programación sinfónica. Del catálogo patrio, sólo se podrán escuchar las <em>Cinco canciones negras</em>, de Montsalvatge, y la <em>Suite Compostelana</em>, de Mompou/Ros-Marbà.</p>
<p style="text-align: justify;">El resto de conciertos, lejos de compensar la programación de la Orquesta de Valencia, no aporta ninguna novedad ni se aparta un ápice del repertorio. Los 18 conciertos que completan la temporada estarán protagonizados por The King&#8217;s Consort y Purcell, el Ensemble Artaserse con un programa barroco, The Hallé con Vaughan Williams y más Chaikovski y Sibelius, la joven orquesta venezolana Simón Bolívar y Dudamel con la 5ª de Beethoven y otro monográfico wagneriano, Fabio Biondi que repite hasta dos veces más al frente de la Europa Galante y la Stavanger Symphony Orchestra, Philharmonia Orchestra con más Beethoven y Chopin, la Manchester Camerata, la Orquesta Nacional de Francia con otra 4ª y la 5ª de Chaikovski, la Academy of Ancient Music, la Orquesta Manuel de Falla, Trondheim Soloists, la Orquesta Bandart con la 7ª y la 8ª de Beethoven y conciertos de los pianistas Sokolov, Lisiecki, Zimerman y Maria João Pires, así como las agrupaciones valencianas Collegium Instrumentale y Spanish Brass Luur Metalls.</p>
<p style="text-align: justify;">Disculpen los tres párrafos anteriores, pero era inevitable plasmar de manera exhaustiva la relación de obras que tanto la Orquesta de Valencia  como las agrupaciones sinfónicas invitadas interpretarán a lo largo de la presente temporada para justificar la publicación de este artículo. No sólo no encontramos ningún encargo/estreno absoluto —ni relativo— en esta recurrente y redundante programación, sino que no vemos ni un solo autor autóctono (quiero decir valenciano) —vivo o muerto—, ni un solo compositor en activo, ni una sola obra compuesta en los últimos sesenta años…</p>
<p style="text-align: justify;">Lo más grave de esta situación no es que los gestores de esta institución pública, mantenida exclusivamente con fondos públicos procedentes del Ayuntamiento de Valencia y de la Generalitat Valenciana, ignoren la música de su tiempo y no pongan la primera agrupación sinfónica de la ciudad al servicio de los compositores valencianos, sino el hecho de que a nadie parece importarle lo que sucede. Ni compositores, ni músicos, ni siquiera los mismos que nutren la plantilla de la orquesta, ni público, ni críticos… a nadie parece importarle esta anomalía artística, esta mala política cultural y musical. No se puede hablar de porcentajes, porque el ciento por ciento de la programación está dedicada al repertorio histórico, a las mismas sinfonías y conciertos clásico-románticos que año tras año se repiten sin cesar.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta política cultural ultraconservadora, poco imaginativa, anacrónica, despectiva y arrogante está dañando la imagen de toda una comunidad y lo que es más terrible está sentenciando musical y artísticamente a toda una sociedad. Los artistas deben ejercer su influencia en las organizaciones políticas, sociales y culturales. Un auditorio y una orquesta sinfónica no pueden operar sin un consejo rector, sin una dirección artística colegiada, en el que participen todos los protagonistas de la vida musical de una ciudad. Compositores, intérpretes, pedagogos, artistas, musicólogos, patrocinadores, aficionados, etc. deberían de ser escuchados a la hora de tomar decisiones de carácter artístico, musical y, por qué no, pedagógico. La edad media del público que adquiere los abonos del Palau de la Música de Valencia se encuentra por encima de los sesenta años. Esto es un síntoma de que las cosas no se están haciendo bien y de que deberían haber saltado todas las alarmas hace años.</p>
<p style="text-align: justify;">Recientemente, se ha elegido al nuevo director del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) tras más de una década de una gestión polémica y de un deterioro notorio. La elección se ha realizado en concurso público y en función de méritos y proyecto. Sin embargo, el Palau de la Música de Valencia lleva más de veinte años sin dirección artística. Al frente del auditorio y de la orquesta está la concejal del área correspondiente del Ayuntamiento de Valencia desde hace más de dos décadas. Ante semejante panorama no ha lugar para hablar de la música contemporánea, porque sencillamente no existe.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
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		<title>&#8220;El público no tiene gusto&#8221;</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Mar 2014 05:09:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Josep Lluís Galiana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Plano de inmanencia]]></category>
		<category><![CDATA[Artes visuales]]></category>
		<category><![CDATA[Estética]]></category>
		<category><![CDATA[Música y política]]></category>
		<category><![CDATA[Política cultural]]></category>
		<category><![CDATA[Política educativa]]></category>
		<category><![CDATA[Repertorio]]></category>

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		<description><![CDATA[Con motivo de la reposición de "Pélleas et Mélisande" en 1914, Claude Debussy declaró en una entrevista realizada por el crítico musical Maurice Montabré que "El público no tiene gusto. Nunca lo tendrá". Han transcurrido cien años y no parece que esta dura afirmación vaya a perder su vigencia. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone size-full wp-image-1495" title="003_plano-inmanencia2" src="http://3epoca.sulponticello.com/wp-content/uploads/2014/02/003_plano-inmanencia2.jpg" alt="" width="620" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify;">Con motivo de la reposición de <em>Pélleas et Mélisande</em> en 1914, Claude Debussy declaró en una entrevista realizada por el crítico musical Maurice Montabré que &#8220;El público no tiene gusto. Nunca lo tendrá&#8221;. Han transcurrido cien años y no parece que esta dura afirmación vaya a perder su vigencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Los usos y costumbres, los hábitos culturales y de consumo han sufrido una transformación ciertamente espectacular. Nadie hubiera imaginado, ni el propio Debussy, que el público y su gusto musical iban a derivar hacia la depauperación y el aburrimiento, hacia la más absoluta autocomplacencia y la monotonía del repertorio. Siempre el repertorio. No son estados nada artísticos ni creativos, más bien nos encontramos ante un arte en diferido o un arte ya consumado y consumido millones de veces. En la actualidad no existe ni un sólo atisbo de curiosidad entre los públicos. La necesidad de escuchar algo diferente, de dejarse sorprender, de ponerse a prueba, de analizar o reflexionar sobre nuevas propuestas sonoras ha sido cercenada en aras de la comodidad y la seguridad de programar temporada tras temporada cuatro o cinco mozarts, tres beethoven, un par de bramhs, berlioz, liszt, mahler, bruckner, unos cuantos chaikovskis y algún que otro falla, ravel, stravinski, poulenc o bartók en el mejor de los casos.</p>
<p style="text-align: justify;">Las programaciones de auditorios y palacios de la música, convertidos en museos del <em>ancien régime</em>, apenas dejan margen para la actualidad musical, la nueva creación y la experimentación sonoras. Desgraciadamente estas últimas ni se contemplan y no existen para la inmensa mayoría de los gestores culturales, programadores, concejales, consejeros y ministros del ramo. Tampoco para las televisiones y emisoras de radio, siempre más atentas a la tonadilla y el folclore rancio.</p>
<p style="text-align: justify;">Todo esto me trae a la memoria unas sabias palabras de Confucio: &#8220;¿Queremos saber si un reino está bien gobernado, si las costumbres de sus habitantes son buenas o malas? Examinemos la música vigente. Se debe considerar la música como uno de los primeros elementos de la educación y su pérdida o su corrupción es la señal más acabada de la decadencia de los imperios.&#8221; Es evidente que el Reino de España no es un imperio, pero sí el hecho de que está mal gobernado y en franca decadencia dadas las cifras alarmantes de desocupación, de corrupción y de malestar social. También es evidente que la música no ocupa el lugar que le corresponde: el gobierno popular dice que sobran más de 20.000 profesores y desde la aprobación de la nueva ley educativa la música ocupa el último lugar en el sistema de enseñanza. Aplicar el máximo porcentaje de IVA a la cultura no es más que otro gesto de desprecio hacia el arte, la sensibilidad, la creatividad y la imaginación de todo un pueblo. Es patente y notorio que a este gobierno no le gusta la música, ni la poesía, ni el teatro, ni el cine, ni la danza, ni la literatura… Sólo muestra interés por el dinero. Por eso no piensa subir los impuestos a las rentas del capital, ni a los chiringuitos financieros y las grandes fortunas, ni tampoco a su gran aliada, la iglesia católica.</p>
<p style="text-align: justify;">No obstante, una buena noticia ha convulsionado el mundo de la cultura en las últimas semanas. El consejo de ministros ha decidido que el mercado del arte necesitaba un estímulo fiscal y un apoyo especial, porque seguramente piensa que se trata de un sector estratégico para la economía española y porque produce objetos de primera necesidad para una sociedad opulenta y con buen gusto. Nada más lejos de la realidad si vemos como la sociedad española vive desesperanzada ante un futuro sin expectativas, en la que muchas familias no pueden hacer frente a la factura de la electricidad y ya se cuentan por miles las que han sido desahuciadas. Al actual gobierno no le ha temblado el pulso y ha evidenciado cuáles son sus prioridades al anteponer los intereses del mercado del arte a los de la industria cultural. En el primero se mueve mucho dinero (no siempre limpio) y está respaldado por un colectivo poco conflictivo políticamente (más bien complaciente con las élites adineradas que necesitan invertir sus excedentes en obras de arte susceptibles de futuras revalorizaciones), mientras que la segunda incomoda por sus contenidos (no siempre del gusto de quien administra los fondos públicos) y por su independencia intelectual. No está en mi ánimo buscar el enfrentamiento entre creadores o sectores artísticos, pero el retroceso que está sufriendo la cultura, en general, y la música, en particular, no tiene precedentes.</p>
<p style="text-align: justify;">Las artes plásticas son al resto de manifestaciones artísticas lo que la energía nuclear es a las energías renovables. Mientras el <em>lobby</em> nuclear español ha conseguido ponerle puertas al sol y detener los molinos cuando más sopla el viento, el sector del arte celebraba con champán hace apenas un mes la rebaja de su IVA, que ha pasado del 21% a uno más reducido del 10%. Entretanto, las pobres artes escénicas, la música y el cine se hunden irremediablemente en las catacumbas de la indigencia cultural, del amateurismo asociativo y autogestionario y de los donativos.</p>
<p style="text-align: justify;">Si por unas horas nos sintiéramos extranjeros en nuestro propio país y escucháramos la música vigente ¿qué conclusiones extraeríamos? Estoy convencido de que la primera de ellas sería la ausencia de silencio; la segunda, la falta de gusto musical. La tercera adoptaría forma de pregunta: ¿dónde se puede escuchar la música actual de este país?</p>
<p style="text-align: justify;">Acciones como la protagonizada recientemente por el compositor catalán Josep Soler al rechazar la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes otorgada por el Ministerio de Cultura son las que ponen de manifiesto que el mundo de la cultura no puede ni debe callar contra un gobierno que recorta y privatiza, que aplica el catecismo y la genuflexión en la educación, que relega la música a materia optativa en la enseñanza obligatoria, que considera la cultura un lujo a la que hay que aplicarle los impuestos más elevados y que desprecia públicamente su cine. La industria cultural supone en la actualidad el 3,5% del PIB (la música, el 0,49%), más de lo que aporta el sector subvencionado del automóvil.</p>
<p style="text-align: justify;">Jugar con desventaja no ayudará a que músicos y artistas puedan vivir de su profesión y seguir creando, sin embargo, ellos no van a dejar de subir a los escenarios o de actuar en las calles (pese a que algunas alcaldesas populares intenten aplicar su mal gusto musical e impongan exámenes de idoneidad), porque ellos no van a dejar de expresar, de proponer y de decir todo aquello que necesitan expresar, proponer y decir, porque no existen impuestos, normas, decretos, ordenanzas, prohibiciones, ni leyes que puedan detener la gran marea de la creatividad y la irrefrenable necesidad de provocar nuevas experiencias estéticas que redundarán afortunada e inevitablemente en la formación del gusto y de la sensibilidad estética de los públicos.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
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