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	<title>Sul Ponticello &#187; Televisión</title>
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		<title>Leonardo en un rosco</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jan 2019 09:59:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Redacción</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[Artes visuales]]></category>
		<category><![CDATA[Divulgación]]></category>
		<category><![CDATA[Política cultural]]></category>
		<category><![CDATA[Televisión]]></category>

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		<description><![CDATA[Todos los años tenemos efemérides de grandes personajes del arte. Este año que acabamos de estrenar no es excepción. Por nombrar algunos, tendrá lugar el 150 aniversario de la muerte de Berlioz, los 200 años de la llegada al mundo de Walt Whitman o los centenarios –también del nacimiento- de Galina Ustvólskaya, Joan Brossa o Primo Levi. Pero hay uno que concita una especial y lógica atención: el quinto centenario del nacimiento del personaje sobre el que se elabora el tópico del “genio total”: Leonardo da Vinci. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-17853" title="056_editorial2" src="http://3epoca.sulponticello.com/wp-content/uploads/2018/12/056_editorial2.jpg" alt="" width="620" height="180" /></p>
<p style="text-align: justify;">Todos los años tenemos efemérides de grandes personajes del arte. Este 2019 que acabamos de estrenar no es excepción. Por nombrar algunos, tendrá lugar el 150 aniversario de la muerte de Berlioz, los 200 años de la llegada al mundo de Walt Whitman o los centenarios –también del nacimiento- de Galina Ustvólskaya, Joan Brossa o Primo Levi. Pero hay uno que concita una especial y lógica atención: el quinto centenario del nacimiento del personaje sobre el que se elabora el tópico del “genio total”: Leonardo da Vinci. Sobre él rescatamos una reciente polémica que, aunque pueda pasar como anecdótica, da pie a cierta reflexión sobre cómo se enfrentan este tipo de acontecimientos y, mirando un poco más allá, pone nuevamente en la palestra el eterno debate sobre cómo debe entenderse la divulgación de la cultura.</p>
<p style="text-align: justify;">La polémica surge por la elección, como comisario de la muestra de la Biblioteca Nacional <a href="https://www.losrostrosdelgenio.com/" target="_blank">“Leonardo da Vinci. Los rostros del genio”</a>, de Christian Gálvez, el popular presentador del concurso de TV “Pasapalabra”. En este <a href="https://elpais.com/cultura/2018/12/16/actualidad/1544952442_746647.html" target="_blank">artículo de El País</a> se analiza el caso y se dan las referencias imprescindibles para entender el problema. Sintetizando, la discusión gira en torno a si el rigor científico puede pasarse por el arco del triunfo en pro de que un movimiento de márquetin más o menos bien trazado logre acercar buen número de público a la exposición. Obviamente, las razones que dan los defensores de esta elección, basadas en que Gálvez es un fanático de la obra del artista italiano y que ha escrito algunos libros sobre el genio renacentista, no parece que sean de peso ante <a href="https://elpais.com/cultura/2018/12/08/actualidad/1544297902_815976.html" target="_blank">los que denigran</a> la  estrategia de traer público a base de un presentador famoso. Entre otras razones, por ejemplo, se da el hecho de que Gálvez defienda la autenticidad al 99,9% de la joya de la exposición, un autorretrato que constituye la única obra original de la muestra –montada en su gran mayoría a partir de recursos multimedia, realidad aumentada, infografías…-, cuando los expertos no están en absoluto seguros de que sea de Da Vinci (es más, los más prestigiosos parecen coincidir en que no lo es).</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que parece claro es que presuponer que una mirada científica y, por tanto, seria, debe ser estirada y elitista es presuponer en exceso. Y lo que es peor, este prejuicio traslada la idea de que el científico no tiene capacidad para transmitir más allá de su contexto. Esta sí parece una posición realmente retrógrada y que tiene poco que ver con la mayor parte de la idea actual de divulgación. El concepto de divulgación científica existe desde hace tanto tiempo y es tan real, como que existen excelentes divulgadores (y también deplorables, como en cualquier materia). Quizá el problema resida en quién hace la selección, si sabe buscar a quienes realmente están capacitados para hacerlo. O lo que ocurre es simplemente que conviene plantar como comisario a un personaje público por razones que todos podemos imaginar y que tienen más que ver con entender la cultura como mero entretenimiento y, por supuesto, con los intereses comerciales y de imagen de las diversas fundaciones y empresas que ponen sus dineros (algunas de ellas, por cierto, vinculadas contractualmente con el presentador).</p>
<p style="text-align: justify;">Al margen de esto, resulta obvio que el resultado de una exposición puede ser bueno por el mero hecho de que su comisario tenga esa mezcla de pericia, audacia y rigor necesarios para  montarla. Desde luego, ayudaría también rodearse de un buen comité técnico que cubra sus fallas. Esto no se puede negar, de lo contrario sí nos encontraríamos en una postura absurdamente elitista y poco acomodada a nuestro tiempo y lugar.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
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		<title>Bochorno televisivo, según algunos</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Jan 2018 09:59:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Redacción</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[Música pop]]></category>
		<category><![CDATA[Política cultural]]></category>
		<category><![CDATA[Televisión]]></category>

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		<description><![CDATA[Nos ha llamado mucho la atención –y provocado cierto vértigo, todo hay que decirlo- cómo la indignación sobre un hecho, partiendo de una óptica realmente alejada a la nuestra puede parecerse tanto a la demanda propia y, a la vez, provocarnos la indignación sobre la protesta misma. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone size-full wp-image-15175" title="045_editorial2" src="http://3epoca.sulponticello.com/wp-content/uploads/2017/12/045_editorial2.jpg" alt="" width="620" height="180" /></p>
<p style="text-align: justify;">Nos ha llamado mucho la atención –y provocado cierto vértigo, todo hay que decirlo- cómo la indignación sobre un hecho, partiendo de una óptica realmente alejada a la nuestra puede parecerse tanto a la demanda propia y, a la vez, provocarnos la indignación sobre la protesta misma.</p>
<p style="text-align: justify;">Hagamos un experimento. Del siguiente texto quitaremos el objeto de la discordia y algún dato más. Lean, por favor, este fragmento extraído hace unos pocos días de un encendido artículo aparecido en un diario muy conocido, bajo el título “El bochorno de TVE y la música”:</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 30px;">“<em>Ya está bien. Todos los implicados en </em>[xxxxx]<em> como tantos oyentes inquietos y cultivados en la rica tradición de </em>[xxxxx] <em>no se merecen el ninguneo de la cadena pública. La indignación llega por más de un frente. Primero, por el horario. El homenaje ha sido retransmitido en la madrugada, a partir de las 1.20 horas, algo que, a la vista de los resultados, jamás sucede con ese enlatado de la mercadotecnia y el consumo fácil llamado </em>Operación Triunfo<em>,</em><em> que nos invade desde hace meses. El programa de los chavales ambiciosos que compiten por ser los mejores, mientras se besan, lloran y exhiben hasta el último detalle de sus espíritus en el </em>reality-show<em>, tendrá mañana 25 de diciembre todo un especial en </em>prime time<em>. Horario de máxima audiencia y todos los recursos públicos para esta propuesta. Una vez más, en la televisión pública se prima un contenido musical sobre otro, perdiendo siempre el mismo, aquel que guarda más arte, menos intereses comerciales, y simboliza mucho más para el patrimonio cultural de nuestro país.</em>”</p>
<p><em> </em></p>
<p style="text-align: justify;">Si no nos resultara verdaderamente extraño que la prensa generalista abordara algo que tuviera que ver, de lejos incluso, con la creación musical actual o simplemente con la llamada “música clásica”, podríamos pensar que se está refiriendo a algún compositor o intérprete español al que se le homenajeaba por alguna causa, un premio o simplemente en recuerdo de su desaparición. Pero no, evidentemente, no. La solución, <a href="https://elpais.com/cultura/2017/12/24/television/1514122808_200986.html?id_externo_rsoc=FB_CC" target="_blank">aquí</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">Cómo cambian las cosas según el rasero que se aplique, verdaderamente curioso, sobre todo con expresiones como &#8220;[...]<em> perdiendo siempre el mismo, aquel que guarda más arte, menos intereses comerciales</em>&#8220;. Los gerifaltes del pop y la “contracultura” en queja… cierto regustillo sí que da, para qué vamos a mentir… Con todo, el vértigo nos lo llevamos puesto.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestros más sinceros parabienes para este año que comienza.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
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		<title>La ínsula de los desarreglos (Redefinir la autoría musical I)</title>
		<link>https://3epoca.sulponticello.com/la-insula-de-los-desarreglos-redefinir-la-autoria-musical-i/</link>
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		<pubDate>Tue, 07 Oct 2014 06:27:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Durán-Loriga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Tocando a rebato]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos de autor]]></category>
		<category><![CDATA[Televisión]]></category>

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		<description><![CDATA[En este, y algún artículo que le siga, pretendo abordar la necesaria revisión de la autoría musical, un concepto desbordado en múltiples facetas, donde reina una total confusión, dándose casos de usurpación manifiesta. Es algo que ocurre frecuentemente con los recuperadores, editores o arreglistas entre los que se dan casos de auténtica autoría –la orquestación de Ravel de los Cuadros de una exposición es el ejemplo por antonomasia- y otros de evidente abuso, en ocasiones propiciado desde las propias sociedades de autores. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone size-full wp-image-3640" title="009_tocando-a-rebato2" src="http://3epoca.sulponticello.com/wp-content/uploads/2014/10/009_tocando-a-rebato2.jpg" alt="" width="620" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify;">En este, y algún artículo que le siga, pretendo abordar la necesaria revisión de la autoría musical, un concepto desbordado en múltiples facetas, donde reina una total confusión, dándose casos de usurpación manifiesta. Es algo que ocurre frecuentemente con los recuperadores, editores o arreglistas entre los que se dan casos de auténtica autoría –la orquestación de Ravel de los <em>Cuadros de una exposición</em> es el ejemplo por antonomasia- y otros de evidente abuso, en ocasiones propiciado desde las propias sociedades de autores. Aquí se va a tratar sobre qué convierte a alguien en autor en la actualidad, empezando por lo más pedestre, el dinero, algo tan relevante como escandaloso.</p>
<p style="text-align: justify;">Resulta tautológico afirmar que se puede considerar autor a quien cobra como tal, y en ello las sociedades de gestión de derechos son determinantes. Desde que admiten el registro de obras mediante la grabación, en lugar de la partitura, las vías de acreditación de la condición de autor se han tornado tan laxas que desfiguran el propio concepto de autoría. A fin de cuentas la sociedad de autores no es un colegio que vela por la profesionalidad, su función es recaudar y distribuir lo recaudado. Pero en la nómina de compositores de tales sociedades encontramos nombres de personas que jamás han escrito una obra original. Han adaptado, transcrito, reconstruido obras del pasado. Una labor musicológica meritoria y necesaria, muy encomiable y que naturalmente debe remunerarse de alguna manera. Como los derechos de los autores reales han prescrito, ¡zas!, se les endosa una nueva autoría a efectos remunerativos, aunque naturalmente las obras tengan que seguir apareciendo encabezadas por el nombre del autor real. Un caso conocido es el del célebre <em>Romance Anónimo</em>, del que Narciso Yepes no tuvo empacho en <a href="http://www.youtube.com/watch?v=TWJfF0XegAw">reclamar la autoría</a>, y registrar la obra como <em>Juegos prohibidos</em> por más que haya <a href="http://laguitarrabalear.blogspot.de/2012/05/silver-jack.html" target="_blank">grabaciones</a> y ediciones que preceden a su nacimiento en varios lustros. Milagros aparte, recuerdo la conversación con un erudito gregorianista que hablaba de sus versiones como algo autoral; se le había escapado un buen pellizco con un disco que fue superventas y cuyas versiones no había registrado a tiempo. A mi pregunta sobre si había un <em>gregoriano de autor</em>, contestó que por supuesto que sí, sin pestañear.</p>
<p style="text-align: justify;">Para los que somos del gremio <em>sinfónico</em> -apelativo singular en la SGAE para los compositores de música <em>clásica</em>, por más que muchos jamás usen la orquesta- esto del dinero puede parecer algo lejano… lo que se llega a percibir <em>de autores</em> es tan insignificante, que en el mejor de los casos supone un complemento a otra actividad, la realmente alimenticia. Sin embargo, donde unos sólo ven miseria otros han generado un negocio de cifras millonarias que incluso se llega a servir de la especial protección a lo sinfónico habilitada para paliar el escaso rendimiento que produce habitualmente. Para ello hay que hacer arreglos, o desarreglos. El resultado es que muchos de los <em>compositores </em>con más poder hoy en la SGAE merced a los votos acumulados en función de sus ingresos, no han escrito una nota propia en su vida. Los hay que ni siquiera han escrito una nota, ni propia ni ajena, como veremos, y sin embargo hablan en nombre del colectivo autoral, incluso de los <em>sinfónicos.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Es sabido que los derechos de explotación de las obras de creación se extinguen. La cosa varía según los países; para España es a los 60 años de la muerte del autor; del último superviviente, cuando son varios. Parte importante de los ingresos de la SGAE venía de las zarzuelas, pero irremediablemente el género chico ha pasado a formar parte del <em>dominio público</em>. Mas alguien vio la luz, e imaginó la forma de alargar artificialmente la vida productiva de las vetustas partituras: basta con hacer una edición revisada, que alguien firma convirtiéndose en coautor de la obra. Todos se benefician: ya que los autores reales fallecieron hace mucho, el revisor percibe el 100% de los derechos, y la SGAE sigue haciendo caja con una obra de éxito asegurado por la tradición. Sólo hay que convencer a los teatros de la conveniencia de emplear las versiones remozadas, cosa a la que hubo cierta resistencia. Para darle empaque oficial se creó en 1989 el <a href="http://www.iccmu.es/" target="_blank">ICCMU</a> (Instituto Complutense de Ciencias Musicales) cuya labor ha cubierto otras facetas, pero en la que sobresale el casi centenar de zarzuelas que se han <em>recuperado</em>. En su <a href="http://iccmu.es/_archivos/ficheros/catalogo_142.pdf" target="_blank">catálogo</a> se comprueba como musicólogos, directores de orquesta o compositores –muchos antiguos consejeros de la SGAE- son los firmantes de estas ediciones. Podría cuestionarse una especialización algo sobrevenida para afrontar la edición crítica de alguno, pero son profesionales de amplia trayectoria. Bien distinto es el caso de revisores de dudosa solvencia musical aunque generosamente retribuidos que se encuentran en el mundo audiovisual, en lo que se conoce como <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2013/06/19/actualidad/1371633856_239999.html" target="_blank"><em>la rueda de las televisiones</em></a>; un asunto que saltó a los medios hace tiempo, y que  está en el origen de la convulsa historia de la SGAE posterior a la presidencia de Teddy Bautista.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde que las emisoras de televisión ampliaron la parrilla a las 24 horas del día, se ha rellenado la franja de poca audiencia con tele-tiendas, adivinos y espacios musicales. Hay que poner mucha música, y hay que pagarla; recuérdese que se remunera mejor si es <em>sinfónica</em> sujeta a derechos, esto es <em>contemporánea</em>. ¡Quién lo iba a decir, resulta que ahí hay negocio! Los responsables de las cadenas encontraron un procedimiento para recuperar parte la factura millonaria de la SGAE. Eso se consigue creando una editorial propia, y emitiendo exclusivamente lo <em>editado</em> por esta. Es normal que cuando un autor publica, ceda parte de sus derechos a la editorial, hasta un 50%, en concepto de gastos de edición y promoción. Esto puede resultar razonable en el caso de editoriales <em>tradicionales</em>, de partituras o fonográficas. Lo que han hecho las cadenas es crear <em>falsas</em> editoriales que no editan nada, cuya única finalidad es que se firmen los contratos para pasarlos por el registro de la SGAE y así <em>recuperar</em> gran parte de lo abonado. Conviene aclarar que el porcentaje lo cobra la falsa editorial en todas las difusiones de la obra, aunque sea en otro medio. ¿Qué autor da su trabajo en semejantes condiciones? Nadie. Claro que si no se compone, sino que se genera sin esfuerzo un producto ad hoc para tipo de explotación, eso ya es otra cosa.</p>
<p style="text-align: justify;">Obviaremos la cuestión de si es lícito y ético el retorno de derechos de las radiotelevisiones; en todo caso es legal. Se ha generado un negocio en torno a unas productoras y unos pocos nombres que copan el mercado surtiendo a las emisoras de grabaciones que pasan por la falsa editorial: es la famosa rueda. Se verá mejor con un ejemplo paradigmático, que dista de ser único: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=RsarANKiV_E" target="_blank">un <span style="text-decoration: underline;">video</span></a> de Televisión Española emitido en múltiples ocasiones. En él se ve a una joven interpretando La isla alegre de Debussy. Si se bucea en la <a href="https://socios.sgae.es/RepertorioOnline/" target="_blank">base de datos de la SGAE</a>, la obra aparece con dos autorías, la evidente del compositor francés, y ¡oh sorpresa!, la de Gloria Tubío Grajera, ligada a la interpretación del video por la pianista Judith Jáuregui. Como no podía ser de otra manera aparece como editor de esta última versión la Corporación Radio Televisión Española S. A. Repasamos el vídeo con la partitura y nada permite inferir alguna labor de autoría ajena a Debussy. El <em>arreglo</em> resulta fraudulento. ¿Quién es Gloria Tubío, a todo esto? Busquen una partitura suya, una reseña de un concierto, una foto subiendo a un escenario… no existe tal cosa, porque no se trata de ninguna autora. Esta fantasma es la madre de un pianista, y él sí ha generado obras, tantas que ensombrece a Mozart, a Bach o a Telemann en sus momentos más fecundos. Manuel Carrasco Tubío, así se llama, ha registrado 522 obras entre los años 2006 y 2012, una cada cuatro días. Su madre, menos productiva, 275 en el mismo  periodo, ¡sólo una a la semana!</p>
<p style="text-align: justify;">Cabe preguntar por qué la SGAE a aceptado semejante situación, y lo que es peor, no la ha investigado cuando la estafa ha sido <a href="http://www.publico.es/culturas/452163/la-sgae-denuncia-el-fraude-de-los-intermediarios-que-se-forran-con-la-musica-de-las-madrugadas-televisivas" target="_blank">denunciada</a>. Lo primero es una omisión comprensible: se recauda. Lo segundo hace sospechar la connivencia con unas prácticas mafiosas y perjudiciales para el colectivo autoral. A la vista de la inacción, el asunto ha <a href="http://www.eldiario.es/cultura/preparan-denuncia-autores-Mozart-Vivaldi_0_241826345.html" target="_blank">llegado a los tribunales</a>, donde se dilucidará. Ya ha caído por ello el presidente que aireó el asunto, Antón Reixa, y el siguiente, que únicamente ha amagado con hacer algo al respecto, no va a completar su mandato. El poder de los votos acumulados por los autores implicados en <em>la rueda</em> controla la SGAE, la tiene secuestrada.</p>
<p style="text-align: justify;">A todo esto, ¿qué ha reportado el vídeo de <em>La isla alegre</em>? Es difícil saberlo con exactitud –la SGAE no hace públicos estos datos- pero podría superar los 40.000 €; o sea que por una obra de la que no ha escrito una nota, la falsa autora se embolsaría lo que muchos compositores sinfónicos no cobran en toda su vida. Se sabe por un <a href="http://ep00.epimg.net/descargables/2013/06/19/5dba09e0546b57b260db366ef284da6c.pdf" target="_blank">documento</a> interno de la SGAE que se filtró que esta señora no había registrado obra alguna antes de 2007 pero se ha embolsado en seis años más de un millón de euros en concepto de derechos. Las cifras de su hijo casi quintuplican la cantidad. Las mismas cuantías, son las que <em>recuperan</em> las televisiones del canon pagado a la SGAE.</p>
<p style="text-align: justify;">No parece necesario insistir en lo que supone el expolio del repertorio histórico. Las obras de dominio público no deberían ser explotadas impunemente. Tampoco es lícito que se lucren unos autores o falsos autores, monopolizando un negocio que debería estar abierto a todos. Pero lo más grave es que esta práctica roba a quien siendo autor legítimo de una obra, de emitirse esta por algún medio de difusión, va a cobrar mucho menos de lo que le correspondería, ya que el grueso del pastel se lo llevan unos pocos, <em>la rueda</em>, dejando únicamente migajas a los demás. Quedarían por matizar otros aspectos, como la captación de los intérpretes que ignoran que van a ser cómplices necesarios de un engaño; ¿cómo lo van a imaginar, si tocan a Bach, Beethoven, Albéniz o Chopin? Desconocen que habrá que <em>arreglar</em> sus obras para poder pasarlas por TV. Esos asuntos muy turbios nos alejan del propósito de las presentes líneas que era tocar a rebato sobre quién se hace pasar por autor. Continuará.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
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