Espacio del crítico Antonio Hernández Nieto en el que analiza la actualidad operística del Teatro Real de Madrid.
“Death in Venice” de Benajmin Britten se representa en el Teatro Real de Madrid con una acertada dirección musical de Alejo Pérez (sobre todo en el segundo acto) y la bonita, que no bella, dirección de escena de Willy Decker donde la belleza del cuerpo y el deseo apenas están presentes a pesar de ser el trasunto de la obra.
¿Es la ópera en la actualidad solo voces o es algo más? Y ese algo más ¿a quién/qué beneficia? Son preguntas que asaltan ante “La fille du régiment” de Donizetti que se ha visto en el Teatro Real con dirección musical de Bruno Campanella y escénica de Laurent Pelly y la voz de Javier Camarena que tanto ha dado que hablar y escribir.
Comienza la temporada del Teatro Real con la reposición del montaje costumbrista que el director de escena, Emilio Sagi, hizo en 2009 de Le Nozze di Figaro de Mozart y Da Ponte con dirección musical de Ivor Bolton.
El Ballet de la Ópera de París trae al Teatro Real el mensaje revolucionario que la coreógrafa Pina Bausch encontró en la ópera “Orphée et Euridice” de Gluck.
Llega a Madrid el montaje de André Engel de “Katia Kabanova” de Leoŝ Janáĉek en versión de cámara con el objetivo de que los cantantes se escuchen unos a otros y se hagan presentes para el público, acompañados simplemente por un piano. Y lo consiguen.
“Les contes d’Hoffmann” que se acaban de estrenar en el Teatro Real con la dirección musical de Sylvain Cambreling y la escénica de Christoph Marthaler es un ejemplo más de los riesgos que asumía Mortier, incluido el del fracaso, para hacer que las óperas que programaba se pusiesen en escena en un lenguaje del presente.
La nueva producción de “Lohengrin” en el Teatro Real, con la dirección musical de Hartmut Haenchen y escénica de Lukas Hemleb, o la ópera como un cuento de héroes y princesas tocado, cantado y puesto en escena.
Muere Mortier cuando apenas se han visto la mitad de las representaciones previstas del Alceste de Glück, dirigido musicalmente por Ivor Bolton y escenicamente por Krzysztof Warlikowski, típico espectáculo mortiertiano.
El estreno absoluto de “Brokeback mountain” de Wuorinen y Proulx en el Teatro Real de Madrid plantea interrogantes sobre las intenciones y cómo se plantea la necesidad de fomentar la composición de ópera contemporánea por parte de instituciones públicas y privadas.
El exceso de técnica oculta la falta de poesía del aclamado montaje de “Tristan und Isolde” del director de escena en colaboración con el video artista Bill Viola, que ha importado el Teatro Real de Madrid, en donde se representa bajo la dirección de Marc Poillet y con Violeta Urmana como Isolda todos los días que se ha programado.