Una reflexión sobre cómo los medios de reproducción musical favorecen la adicción a la ópera inspirada por la representación de Hansel y Gretel de Humperdinck en el Teatro Real con dirección musical de Paul Daniels y escénica de Laurent Pelly.
“Death in Venice” de Benajmin Britten se representa en el Teatro Real de Madrid con una acertada dirección musical de Alejo Pérez (sobre todo en el segundo acto) y la bonita, que no bella, dirección de escena de Willy Decker donde la belleza del cuerpo y el deseo apenas están presentes a pesar de ser el trasunto de la obra.
¿Es la ópera en la actualidad solo voces o es algo más? Y ese algo más ¿a quién/qué beneficia? Son preguntas que asaltan ante “La fille du régiment” de Donizetti que se ha visto en el Teatro Real con dirección musical de Bruno Campanella y escénica de Laurent Pelly y la voz de Javier Camarena que tanto ha dado que hablar y escribir.
Comienza la temporada del Teatro Real con la reposición del montaje costumbrista que el director de escena, Emilio Sagi, hizo en 2009 de Le Nozze di Figaro de Mozart y Da Ponte con dirección musical de Ivor Bolton.
El Ballet de la Ópera de París trae al Teatro Real el mensaje revolucionario que la coreógrafa Pina Bausch encontró en la ópera “Orphée et Euridice” de Gluck.
En el concepto de fábula, ese que utilizó Monteverdi como subtítulo de L’Orfeo, van implícitas muchas de las características definitorias del arquetipo occidental en lo que al desarrollo de las artes temporales se refiere. Sin duda, también las artes del espacio participan, en cierto sentido, de muchas de ellas.
Llega a Madrid el montaje de André Engel de “Katia Kabanova” de Leoŝ Janáĉek en versión de cámara con el objetivo de que los cantantes se escuchen unos a otros y se hagan presentes para el público, acompañados simplemente por un piano. Y lo consiguen.
Nuestro editorial de junio se mece en una vieja polémica, devuelta a la luz a través de prestigiosos medios británicos que atacaron sin piedad a la mezzosoprano irlandesa Tara Erraught por entender que su físico no correspondía al papel operístico que estaba representando.
“Les contes d’Hoffmann” que se acaban de estrenar en el Teatro Real con la dirección musical de Sylvain Cambreling y la escénica de Christoph Marthaler es un ejemplo más de los riesgos que asumía Mortier, incluido el del fracaso, para hacer que las óperas que programaba se pusiesen en escena en un lenguaje del presente.
Pensar la obra musical como proceso humano me ha impulsado a vivir muy atenta e intensamente cualquier proceso que me haya sido dado experimentar o, simplemente, observar. [...]
La nueva producción de “Lohengrin” en el Teatro Real, con la dirección musical de Hartmut Haenchen y escénica de Lukas Hemleb, o la ópera como un cuento de héroes y princesas tocado, cantado y puesto en escena.
Muere Mortier cuando apenas se han visto la mitad de las representaciones previstas del Alceste de Glück, dirigido musicalmente por Ivor Bolton y escenicamente por Krzysztof Warlikowski, típico espectáculo mortiertiano.